sábado, 29 de agosto de 2009

Noche décima


Llueve sobre Bagdad.
Llueve la muerte lágrimas letales.
Enormes lágrimas sin pena.
Lágrimas sólidas.
Lágrimas explosivas.
Estalla el miedo en el aire.
Florece la miseria en las ruinas.
Ningún genio surgió entre los escombros
donde yace la lámpara de Aladino
extinta ya su llama para siempre
en esta noche
de los mil y un bombardeos.
Algunos niños lloran en los refugios,
aunque nadie escucha sus gritos
apagados por el fragor de los misiles
y por la salmodia de los televisores
en los dulces hogares de Occidente.
Ninguna alfombra mágica
sobrevuela los cielos de Bagdad
y su ladrón se oculta
entre las sombras y los resplandores.
Los B-52 rasgan los siete velos
de la bella odalisca:
La danza de la muerte la desnuda.
Las palomas heridas
tornan al lecho de Sherezade.
El alfanje de luz que las persigue
inunda la medina.

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