miércoles, 30 de septiembre de 2009

OTOÑO


Inicia su viaje entre las notas mudas
de cada adiós. Abraza
la otoñal ausencia que se gesta
en el núcleo del alma. Destila
toda la soledad y su melancolía
la nueva luz que madura en las uvas de octubre.
Se vislumbra otro tiempo. Te esperan
otras voces. Era
este refugio de amistad y añoranza
algo más que azahar,
preludio de los cítricos silvestres.
Ahora lees otros versos
con ese digno oficio que requiere el silencio,
la atención de la brisa indolente de un inhóspito ámbito.
Huye y vuelve: Migra como las aves y retorna este invierno.
Siempre habrá un sol cálido en la plaza.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre habrá... Hay tantas esperanzas en tu poesía.
Rigoletto

María Jiménez Aguilar dijo...

Ay, Miguel. Acabo de descubrirme hoy, tras un año, en tu poema. Y vuelven sensaciones de despedida y esperanza, las mismas que habrá por estos días de septiembre (de 2010) entre quienes te queremos. El sol cálido sigue resurgiendo cada día en cada plaza.

Miguel Cobo dijo...

María, recuerda el guiño de mi dedicatoria en el libro. Algún día volveremos a la plaza, con sol o sin sol, para reencontrarnos con nuestros recuerdos. Gracias, querida amiga.