viernes, 9 de abril de 2010

DESVELO


Vorágine de algas,
ya lenguas submarinas,
humedecen las lunas de corales abiertos
en tus islas secretas.
Confusión de los sentidos
cuando cada estrella derrama su vaso de luz
sobre tus leves prendas interiores
satinadas con las yemas adolescentes de mis dedos,
que ya son labios, dientes, saliva
sublevada ante tu savia de planta carnívora y felina.
El velo de Venus tamiza tu suave risa
o brisa que dibuja tus senos al trasluz.
Bebo del jugo que destilan tus frutos nocturnos
ya cosechados por mi memoria:
Conciencia de tu saber y de tu sabor.
Sorbo tu néctar como un insecto
en la decadencia de su metamorfosis,
breve vibrar de élitros.
Dulce música de las células congregadas
en su danza sensual e infinita.
Sólo la luna nos desnuda de nombres
y anónimos huimos con un vértigo blanco
antes de que la lechuza del olivar
vuele hasta la torre desde donde nos divisa
la diosa del nuevo verano que se anuncia.
Nos cubre la marea del sueño
hasta el embozo de la sábana:
Te respiro y te nombro

5 comentarios:

maria fernanda ferre alvarez dijo...

Es como sorber la savia de un sabor memorizado entre sábanas entregadas a suaves danzas en silencio.
Qué bonito escribes los viernes!

Miguel Cobo dijo...

Gracias, amiga. Creo que en África tenéis la percepción sensorial muy desarrollada.

Isabel Romana dijo...

Genial la conclusión del poema con ese verso: "Te respiro y te nombro". ¡Qué grande el poder de la palabra! Me quito el sombrero. Saludos cordiales.

Miguel Cobo dijo...

La palabra poética, Isabel, tiene un poder simbólico que trasciende su propio significado creando nuevos ámbitos semánticos, nuevas imágenes, explora el territorio del misterio y, si se produce el milagro, sorprende al propio autor con su hallazgo. La palabra es la tan buscada piedra filosofal. Gracias. Un saludo afectuoso.

Rigoletto dijo...

Ayer inserté un comentario sobre el valor de la palabra y no está. Venía a decir que la palabra, ya desde la primera frase del Génesis, demuestra ese valor demiúrgico que siempre tiene tu poesía, que siempre va a más.
Alberto