
Bien sé que a ser amigo no se aprende
En un lugar común ni en una escuela;
Requiere el alma un tiempo que no vuela
Ni anida, pues no es ave, mas sorprende
A quien sin proponérselo comprende
Razones infinitas. Me consuela
Dejar junto a tu nombre la secuela
Original de este fuego que prende
Súbitamente la zarza de la vida.
Oye el rumor del río que nos lleva:
Trae cristalinas aguas, buena nueva,
Orilla, soto, sombra compartida.
***
Miguel Cobo
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