viernes, 5 de noviembre de 2010

Oniria



La medida del tiempo se congela en su esfera

en el instante mismo en que pensaste

recorrer el trayecto

de una calle irreal

con los ornamentos habituales de la pobreza,

incluida tu pose elegante de top model.

Las casas han guardado silencio

y respiran una belleza hermética de luz y clorofila.

¿Ha surgido de un sueño de líneas paralelas

este prodigio insólito?

Se airean en los balcones

trajes que nos prometen un futuro viaje

al corazón del mundo

cuando un día sin paréntesis se detenga algún tren

en mitad de la calle.





Fotografía: Una calle de Hanoi (Vietnam)
Alfonso C. Cobo Espejo

7 comentarios:

Alfonso C. Cobo Espejo dijo...

Todos los días ven pasar el tren. Todos los días lo escuchan y, seguramente, nunca se han subido a él. Y, probablemente, nunca lo harán. Un abrazo, papá.

XuanRata dijo...

Un día un tren se extravió y dejó una estela de raíles. Las casas llegaron despues y siguen esperando el comboy que traerá sus habitantes.

Cuántos sueños nos habitan.

Miguel Cobo dijo...

Lectura onírica,ciertamente, Xuan. Responde a lo que el propio Alfonso suele llamar "minimundos"

Paco dijo...

muy bonita... me pregunto si esa vía estar en uso, el caso es que ese tramo fotograficamente hablando da mucho se di.

saludos

Irene Bebop dijo...

Me pregunto por qué hay tanta belleza en la miseria.
Ojalá existan algún día trenes con destino a los rincones más ocultos de la mente de algunas personas. Aunque sea como decir hacia el abismo, con billete sólo de ida. Tal vez merezca la pena.

Un beso!

Marisa dijo...

Hay trenes invisibles que siguen circulando por vías que atraviesan el centro del corazón. Son trayectos donde el tiempo se congela en su esfera esperando a aquellos viajeros valientes que deseen abandonar el andén y subirse al crucero de lo que fluye inexorablemente a través de sus ventanillas.

Intensa composición. A medida que se va leyendo vamos oyendo en la lejanía el pitido de ese tren que se va acercando para despertar ese tiempo detenido dulcemente en esa espléndida fotografía.

Un abrazo, Miguel.

Miguel Cobo dijo...

Paco, a ver si Alfonso nos confirma si pasa el tren aún o sólo queda la vía muerta. La foto da mucho juego tanto fotográficamente como literariamente.
Saludos y bienvenido.

Irene, para mí los trenes más que una metáfora son casi una obsesión. Una de las etiquetas del blog -De estaciones y trenes- te mostrará algún expreso de medianoche como los que sugieres.

Marisa, la geometría de las vías (los gitanos flamencos llaman vía a la vida), el paralelismo de los raíles, produce una inquietante sensación de infinitud (por mucho que se prolonguen nunca se encuentran) y plantean las grandes preguntas existenciales:
¿De dónde venimos?...¿A dónde vamos?...¿Qué tren tomar?, ¿en qué estación?...La encrucijada,el destino, el equipaje, los viajeros...

Y el azar del encuentro. Bienvenida y gracias por tan reflexivo y bello comentario.