domingo, 21 de marzo de 2010

IMAGEN


Me miré en el espejo
y en las fotografías,
en los viejos poemas
y en la noche profunda.
Reconocí la imagen
desnuda del vencido:
los surcos de la frente,
el peso de los párpados.
Regresé al cenicero
y encendí otro pitillo
ensayando los gestos del recuerdo
entre el humo y el miedo

4 comentarios:

gonzalo dijo...

el texto provoca multitud de evocaciones. me gustó mucho.

me anotaré en este espacio.

Isabel González dijo...

Produce vertigo el paso del tiempo en tu poema,
pero sobre todo la sensación de infelicidad, humo y miedo.

Anónimo dijo...

¿Así te ves, amigo? Eso es parte de tu biografía, de tu río que te llevará inexorablemente a la mar que es el morir.
Pero también, está el carpe diem, ya que estamos en tópicos lieratrios: agarra el instante, vívelo como si fuera el último... y si esto no funciona, oye a Serrat o lee a Vicent.
Alberto Granados

Miguel Cobo dijo...

Como dice Gonzalo, el poema puede provocar varias lecturas-evocaciones. La de Isabel, el vértigo, la infelicidad. La de Alberto, la visualización de un estado de ánimo proyectada en el autor. Todos lleváis razón. Yo añadiría que el autor también es el "actor". Hay una buena dosis de verdad (paradójica) en la impostura de un instante, que nos sitúa en otra esfera de la experiencia poética. Ya no es el sujeto, sino el objeto -el paso del tiempo- el que adquiere el protagonismo. En el dolor hay belleza. Después vendrán Serrat y Manuel Vicent: ¡Hoy puede ser un buen día!