sábado, 28 de noviembre de 2009

Interpretaciones de una visión


Esta imagen insólita podría significar que un libro permite poseer aquello que uno desea y no tiene, por ejemplo, un bombín. Pero no es eso.
Podría significar que un libro permite ser lo que uno no es, por ejemplo , deshollinador. Pero, aunque varios elementos de la imagen apuntan hacia esta explicación, tampoco es eso.
¿Significa quizá que el ser humano, toda su persona, su visión del mundo, su identidad, su realidad misma, se sustentan sobre el conocimiento, y que el conocimiento, a su vez, se sustenta en el aire? Ojalá fuera tan fácil. Pero me temo que no es eso.
Nada nos autoriza, ni la razón ni la experiencia, a tomarnos las imágenes y los libros en un sentido que no sea el literal.
Aquí tenemos a un señor que sobrevuela el tejado de un edificio. En el edificio hay una ventana abierta, parcialmente abierta, pero nada nos permite pensar que el caballero volador ha salido por esa ventana, que no viene de más lejos, que no lleva hecho ya un largo trayecto. El señor que nos ocupa tiene debajo de los pies una cosa que parece un libro; tal vez lo sea o tal vez sea un aparato volador en forma de libro, hoy día se inventan tantas cosas…Si verdaderamente es un libro, puede tratarse de un libro volador, compartir esta propiedad con las alfombras voladoras. Pero no hay que excluir que sea el señor quien está capacitado para volar, y que en esta ocasión, inadvertidamente, un libro se le pegó a la suela de sus zapatos poco antes del despegue.
Sea cual sea el origen y la explicación científica de este vuelo, y su objetivo, la escena no tiene nada de inquietante, al menos nada que resulte más inquietante que cualquier escena cotidiana; el hombre no parece preocupado ni sorprendido. Al contrario. A juzgar por la inclinación de la cabeza y la posición de los brazos, más bien parece que se dispone a orinar y que (pero esto sólo es una conjetura arriesgada) apunta a la chimenea de la derecha, quizás para evitar molestias a los transeúntes.


Eduardo Mendoza


El texto que acaban de leer lo he sacado de "El Libro de los Libros", del extraordinario ilustrador alemán Quint Buchholz. A su editor, Michael Krüger, se le ocurrió enviar sendos dibujos de Quint a cuarenta y seis autores de países distintos, con la petición de que escribieran el texto oculto en ellos. Todos colaboraron. Eduardo Mendoza, como ven, lo hizo sobre el dibujo de esta entrada.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En realidad, todos los libros ayudan a volar con la imaginación. Los de Bakunin y otros anarquistas, también enseñaban a volar edificios con un poco de dinamita. Y eso que estaban escritos a vuelapluma...
Rigoletto

PMPilar dijo...

Bakunin no se quedaba solo en sus pretensiones.
La mente, a veces calenturienta por de sobra, hace de su imaginanción estragos.
Y el libro de la imgen sucumbirá con tal peso pesado sobre él...