domingo, 22 de diciembre de 2013

Villancico remoto



                                                      Foto: El templo del musgo - Kioto



Hubo un tiempo en que el musgo estuvo entre mis manos.
Acercaos…

Parecía murmurar en las rocas.
El verde intenso es siempre guardián de la alegría.
Dicen que el musgo duele y acaso eso sea cierto
pero en la infancia el frío todavía no existe.

Yo tuve un cielo claro de abuelos y de estrellas,
una casa en solsticio y un jardín en el alma.
Con musgo construimos la noche más extensa
mientras el río y la nieve celebraban sus bodas.

Cómo no iba a dejarme hechizar por el fuego,
irrepetido siempre aunque en el mismo sitio.
Los ancianos del pueblo rememoraban cantos
tan hondos que sanaban a fuerza de ser tristes.

Ya no queda la escarcha ni el musgo ni el solsticio.
La claridad precisa del río es un relámpago.
Cuántas veces la vida cambia hogar por sendero,
como niño por hombre y sonido por ruido.
Ahora comprendo el tacto implacable del frío,
reconozco el peor: el que hiela por dentro.

Bajo las noches largas del filo de diciembre
sigo buscando el musgo que me devuelve a casa.




Raquel Lanseros

Poema incluido en "Las espinas pequeñas son pequeñas"

                          ***


4 comentarios:

Alberto Granados dijo...

Como ya sabes, este poema me entusiasmó porque me hizo sentir el musgo en mis manos de niño, y el contacto frío de ese cuchillo viejo que, por una vez, nuestra madre nos dejaba usar para coger musgo en las umbrías de nuestra infancia...
Raquel Lanseros me ha devuelto "el mantecado de Proust".

AG

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Eso es la poesía.
La perdemos de vez en cuando. Incluso teniéndola, se pierde.
Hay que mimarla. Mucho.

José Luis Martínez Clares dijo...

El musgo que nos servía para hacer aquellos belenes que ya no hacemos. Feliz Navidad, amigo

Juan Herrezuelo dijo...

Leído tan magnífico poema viajo a conocer más sobre Raquel Lanseros a través del enlace que propones, y me agrada comprobar que hay juventud, que hay aún mucha poesía por delante, que reverdecen los versos incluso en tiempos tan poco propicios como éstos que nos ha tocado sufrir. Un abrazo navideño.