martes, 10 de abril de 2012

Crepúsculo interior

                                    Foto: Galería de pätzchka en flickr - Aleana Adán



En aquella habitación,

donde no duermen ni el arpa ni el olvido,

está la luz de ayer

que me dejaste.

Por más que baje la persiana

y la penumbra

penetre en los rincones más recónditos,

tus palabras de suave terciopelo

desvelan el silencio

de la rosa del sur y sus canciones,

a media luz los dos, crepúsculo interior.


Miguel Cobo








                                                                      ***

8 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Envidio esa luz desde este lugar oscuro. Abrazos, amigo Miguel.

Alberto Granados dijo...

El aura de nostalgia migueliana siempre en tus poemas. Ese crepúaculo interior deberá dejar paso a un mediodía pleno, sin chunguerías ni penas, que abril no da tregua.
Un gran poema.
Me considero autorizado a usar tu material, ¿sí?

AG

Miguel Cobo dijo...

¡Cuánto sabes tú de luz, penumbra y sombra, amigo José Luis! Alma de Almería, planeta Gor.

Un abrazo.

***

Alberto, plenitud que da la vida. Sobre todo a mediodía.
¿Autorizado? ¿Y tú me lo preguntas?...
¿Recuerdas aquella cancioncilla: "Todo lo que tengo es tuyo..."?
Pues claro, hombre, pues claro. Y además agradecido.

Un abrazo

alejandradiazortiz dijo...

Miguel...

Hoy es uno de esos días en que tus versos me estrujan un poquito más...
Hermosa luz... Suave terciopelo...
Gracias

Miguel Cobo dijo...

Alejandra, me emociona otra vez tu comentario. Siempre encuentras una vía para inyectarte los versos. Poesía intravenosa.

Al menos que no duela.

Gracias a ti.

Besos.

Juan Herrezuelo dijo...

Ay, “viejos tangos de mi flor / y un gato de porcelana / pa' que no maulle al amor”.
Qué tendrán algunos sones del lado de allá que le ponen a uno en estado de nostalgia: ¿no será la otra orilla la verdadera madre patria, y no al revés?
Proteger la luz de ayer con la penumbra de hoy, aquel silencio con estos versos…
Un abrazo, amigo Miguel.

Miguel Cobo dijo...

La herida luminosa del bandoneón, hoy crecido acordeón, alumbra las palabras de la nostalgia. Savia de los recuerdos, la del árbol de la vida. Y tú, Juan, lo expresas como nadie.

Otro abrazo, generoso amigo.

XuanRata dijo...

Dos crepúsculos, este y el anterior, que tienen en común el amanecer de lo que vuelve, seguramente porque nunca se fue del todo, solo esperaba el momento de aparecer de nuevo, como la estación, la habitación del tiempo.

Así da gusto volver. Un abrazo.