lunes, 2 de abril de 2012

Abril


Dibujo de Quint Buchholz


Era en abril y el río no se movía.
Las aves migratorias regresaron
poblando las isletas como barcos
anclados en el alma de su cauce.
Los árboles abiertos al crepúsculo
ofrecieron su fronda hospitalaria:
Cobijo para el aire y para el ala
en la copa del tiempo indiferente.
Perdí la luz cuando cruzaba el puente;
cesó el clamor y levanté la vista.
Quiso el cielo ser agua y al volverme
de nuevo el río se puso en movimiento.
Era en abril. La vida anochecía.

Miguel Cobo




                                                                      ***

8 comentarios:

Alberto Granados dijo...

Ha merecido la pena esperar, Miguel: un poema redondo, en tu línea más tuya, esta vez perfectamente decantado, como si lo hubieras pasado por un alambique que redujera las palabras a la quintaesencia del lirismo riográico.

La próxima vez, no tardes tanto.

Un abrazo,

AG

José Luis Martínez Clares dijo...

Ha regresado abril y tu poema le hace los honores. abrazos

Miguel Cobo dijo...

Gracias, fiel Alberto. He roto, al menos, una tendencia que me hacía temer un largo estiaje. Con las lluvias de abril...

Un abrazo, amigo.

Miguel Cobo dijo...

El honor que tú me haces, poeta José Luis, acercándote a esta orilla. Gracias.

Un abrazo

Kaperusita dijo...

Cómo reducir una estación en palabras bien ordenadas.
Me gusta ese toque de naturalidad que siempre das a tus poesías, las haces más cercanas y con ellas, más agradable zambullirse en sus (tus) aguas :)
Un abrazo, Miguel!!!

Emilio dijo...

Poeta Miguel, el río vibra mecido por la palabra y no son ríos de los que hablas. Es del tiempo, del alma, cruzada por una bandada de pájaros.

Miguel Cobo dijo...

Kape, tu comentario es un regalo. El toque de naturalidad al que te refieres es una búsqueda constante de mi voz poética que ha de conjugarse con el alma metafórica que la sustenta. Difícil equilibrio.
Besos. Y vuelve a sumergirte cuando quieras. El río baja tranquilo y sus aguas menos frías en primavera.

***

Emilio, quizá tú seas uno de esas aves de los Sotos de la Albolafia.
Me alegra verte otra vez por las isletas del río, como al amigo que entra en mi casa.

Un abrazo, mon ami.

Alfonso C. Cobo Espejo dijo...

"La vida anochecía". Qué precioso, poema, papá. Me quedo con el verso de cierre, ahora que a la noche le queda toda la noche por vivir. Aquí, que ya estoy a oscuras.

Un abrazo de tu hijo, que te admira.