lunes, 25 de junio de 2012

Hechizado por las aguas




“Ahora, casi todos a los que amé en mi juventud están muertos, incluso Jesse. Pero sigo buscándoles. Ya soy demasiado viejo para ser buen pescador y suelo meterme en el río solo, aunque algunos amigos opinen que no debería hacerlo.

Cuando me encuentro sólo en el crepúsculo de la montaña toda mi existencia parece fundirse con mi alma y mis recuerdos, con los sonidos del río y con un ritmo de cuatro compases y la esperanza de que surja un pez.

Finalmente todo se funde en una sola cosa y un río la cruza. El río que fue excavado por el gran diluvio universal y corre sobre las piedras desde el sótano de los tiempos.En algunas de las piedras hay gotas de lluvia y témpanos, bajo las piedras están las palabras y algunas de las palabras son las de ellos.

¡Estoy hechizado por las aguas!”



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6 comentarios:

José Luis Martínez Clares dijo...

Hay dos cosas que secuestran nuestran atención sin esfuerzo. Ambas son opuestas, contrarias, como lo son el amor y la indiferencia. En primer lugar, el fuego que se retuerce en la chimenea. En segundo lugar, el agua que transita hacia otras vidas. Todo tiene su cauce en nuestra atención, pero estos dos elementos nos desbordan. Por eso los recuerdos regresan húmedos a su paso.
Abrazos, amigo Miguel.

Miguel Cobo dijo...

Palabras sabias, José Luis. La vida es un continuo duelo de contrarios. Si contenemos uno, desbordamos otro. Y a veces, sí, nos desbordan los dos y regresan a su cauce, más tarde, húmedos de melancolía.Pero tal vez lo peor sea que el agua apague el fuego (que no el incendio).

Abrazos, amigo.

A.Torrante dijo...

Tal vez uno de los mayores logros del hombre haya sido justamente ese, convertir el agua y el fuego en vapor. No lo inventó, pero le dió un uso práctico. Logró que el vapor impulse máquinas, desinfecte utensillos médicos, limpie prendas, cobije hogares y con unos cuantos grados menos permita convidar cafés, tés y mates. Cada tanto se desmadra y contamina ríos y provoca incendios, pero nadie dijo que el hombre fuera perfecto, sólo perfectible. El Támesis es un ejemplo. El Riachuelo todavía no.

XuanRata dijo...

Ya en el aire el sedal del pescador prefigura el ser del agua, esa escurridiza matemática de la corriente. No es tanto porqué y hacia donde fluye el río sino lo que en el río confluye: eras, vidas o segundos. Un atisbo de plenitud basta como hechizo.

Alberto Granados dijo...

Además de tus versiones de "Summertime" estás haciendo toda una antología orográfica de indudable valor poético. Se ve que es lo tuyo.
Un abrazo, amigo.

AG

icaro dijo...

totalmente fascinada me he quedado con esta escena

los ríos me atraen irremediablemente

ellos me trajeron aquí

no me alejaré de la orilla, incluso meteré los pies en el agua fresca