domingo, 2 de octubre de 2011

Andén de la memoria


                     

Entre todos los trenes que algún día perdí

sólo uno me quema la razón. Esa duda

atormenta mi insomnio, me parte

el alma en dos. Atraviesa

las cuatro estaciones con sus viajeros grises

y proyecta su luz en la niebla

del destino imposible. Nadie

me espera ya. No hay un banco

en el andén de la memoria. A veces

sin embargo sí escucho algún silbido

entre la lluvia, allá donde perdí por vez primera

la esperanza de verte en la angostura.



Veo que alguien se desliza silencioso

por la escala del tiempo y borra mis recuerdos.

Deja un rastro de música lejana

con un aire de blues o summertime.



Esa trompeta líquida y amarga

me acerca a una ciudad que desconozco.

Una ciudad de sombras y miradas ocultas.

El café me desvela mientras se aleja el tren.

El asma se hace dulce en la voz de Ray Charles.
 

                                                                               ***

Miguel Cobo Rosa


10 comentarios:

Rochitas dijo...

qué bonito, y cuánto nos desvela de verdad aquello que pudo ser y no, que no sabemos si tal vez, a lo que nos atrevimos por si acaso...o quizás sí pero dependíamos de ese otro que ya no espera.
No pude evitar pensar en un tren a mi sur, un tren a la Villa.

Miguel Cobo dijo...

Gracias, Rochitas. Siempre ante las encrucijadas de trenes o de ríos, de andenes y de orillas. La vida y sus dilemas nos marca con las dudas de saber elegir y decidirse. Su alternativa triste sería dejar pasar todos los trenes y subir en el último.

En éste hemos viajado juntos y ha valido la pena.
Un abrazo

Ramón Besonías dijo...

Los trenes, vengan de RENFE o de nuestra memoria, siempre llegan tarde o no llegan. Por eso lo mejor es tomar otro medio de locomoción o desistir de esperar otra cosa que no sea un presente venturoso.

Kaperusita dijo...

esperar un tren que ya pasó y no volverá....estéril espera, amarga soledad la del recuerdo no compartido condenado al olvido sin remedio.
Bonito rincón del tiempo donde un día el reloj se paró e impidió su avance :)

Alberto Granados dijo...

Miguel, tal vez la vida sea justamente eso: ocasiones perdidas, estaciones que has dejado atrás, conflictos que no sabes resolver, amores que no han llegado a su destino, trenes-río que no encuentran su desembocadura en la estación precisa...
Siempre nos salvará, un poco, la voz de Ray Charles, o la trompeta de Louis Armstrong.

AG

Alberto Granados dijo...

Una pecisión para los usuarios de Blogger: tras los problemas para insertr comentarios de estods días pasados, me explican entre Maisa y Kape que hay dos modos de superar los problemas: insertar el comentario tras desactivar el cadrito "No cerrar sesión" en la cueta de Gmail, o Darle al prefil URL/Usuario en vez de una cuenta de Google o Anónimo.

Dicho queda. Llevo un par de días haciéndolo y parece que funciona.

AG

Rodolfo Serrano dijo...

Qué nostalgia de trenes y estaciones...

Juan Herrezuelo dijo...

Nuestras vidas también son los trenes que van a dar al andén, que es el llegar o el seguir partiendo, donde Penélope teje la espera o Ray la dulce aspereza de su blues. Magnífico ritmo poético, Miguel. Un abrazo.

XuanRata dijo...

Un andén vacío remite al ritual de la espera, pero hay esperas imposibles como hay andenes abandonados. Los trenes y el blues, unidos desde el principio.

Un saludo, Miguel. Me subo de nuevo al tren.

Miguel Cobo dijo...

Ramón, siempre nos quedará algún tren. Yo no renuncio. Esperaré, como Armando Manzanero.

***

Kape, la esperanza es lo último que se pierde. Lo peor es que nos pase lo que a Penélope: "Tú no eres quien yo espero..."


***

Alberto, tú, viejo compañero de viaje, has compartido trenes y estaciones, trompetas (pero otras más desafinadas) y blues. Y en la nueva estación el tren de la vida va -una vez más- a efectuar su salida. De lo Blogger, mejor no hablar: ¡Desesperante!.

***

Rodolfo, la nostalgia de los viejos expresos y de sus viajeros insomnes.

***

Juan, ríos y trenes. La vida que pasa y el tren que esperamos. Y las cuatro estaciones de Vivaldi.


***

¡Qué alegría verte de nuevo por aquí y aún más en tu excepcional Calendario. El río se resintió por tu ausencia durante el largo estiaje. Bienvenido de nuevo al tren y a esta orilla.


Agradecimiento infinito y abrazos para todos, mis fieles amigos.