domingo, 14 de agosto de 2011

Blues del tren





Cuando subas al tren para el destierro

anhela que el destino sea irreal.



Quizá te espere Luna en la estación del Norte

y ella oculte su cara para hacerte sufrir.



Saluda a los viajeros que se crucen contigo

(puede que uno de ellos sea tu gran amor).



Deseo que la noche se parezca al viaje:

fría bajo las estrellas y cálida en el bar.



Deja el coñac que fluya de la copa al cigarro,

puede que el alma cambie de estado mineral.



Era un gas venenoso de mordedura incierta

y líquido elemento que te hiciera llorar.



Si es sólido al bajarte procura que sea negro

el carbón combustible de este lánguido blues.



Pero piensa: el más puro carbono que conoces

puede ser el diamante que fue su corazón.



 
Miguel Cobo
 

6 comentarios:

Emilio Calvo de Mora dijo...

Kavafis en el Delta del Mississippi.

Miguel Cobo dijo...

Emilio, Miguel a la orilla del Guadalquivir. (Eso sí, con el bagaje de cientos de blues).

Ramón Besonías dijo...

Hermosa alegoría la del tren. El tren evoca un camino interior, un viaje personal, aunque transferible. Además, tiene -por lo menos para mí- un reclamo de nostalgia. Antaño solía requerir de sus servicios; hoy el coche, el medio de transporte rey, inspira otras emociones, a menudo ambivalentes.

Buen día, amigo.

Anónimo dijo...

Extraña y dura métrica (férrea como un tren en sus alejandrinos) para tu eterna huida ineal, de río, carretera o tren, que vienen a ser lo mimso.
Me gusta este romance extraño.

AG

PS: Para tus riogramas musicales, Down by the riverside.

Juan Herrezuelo dijo...

Ahora que he vuelto, cada día despierto –de nuevo- en la misma habitación, que es verso de aquel otro blues, pero al contrario. Y he vuelto en tren –no en autobús-, un tren donde ya ni en el bar puede el coñac fluir hasta un cigarro ahora prohibido, donde el tedio de un par de malas películas muerde de manera cierta y donde el destino del desterrado fue, qué le vamos a hacer, tan real como la vida misma –o incluso más-. Al menos en la estación del Sur estaba esperando ese gran amor, y eso ya vale su peso en diamantes y razón nos da, también, de la esperanza. Un placer reencontrarme con tus versos.

Anónimo dijo...

Me gusta viajar en tren...