viernes, 29 de julio de 2011

Síndrome de Diógenes


                                  "Diógenes" pintado por Jean Leon Gerome en 1860





Me sorprendo a mí mismo

regresando al refugio

de la noche,

prófugo de la lluvia

de tus lágrimas.

Me pierdo entre palabras

que guardan los secretos

de los mejores versos

que me niego a escribir

o me niega tu ausencia.

Y en el desorden cálido

que me presta Diógenes

me quedo con su síndrome

y guardo en mi habitáculo

de poeta indigente

todo lo que me encuentro

en los contenedores

de la ciudad dormida:

Residuos de naufragios

en “Hablar por hablar”.

Fotografías veladas

y espejos de vampiros

rotos en mil pedazos.

Cáscaras de recuerdos,

(dulce olor a podrido),

cartones de miseria...

Y ahora que ya no fumo,

colillas con las huellas

del carmín de tus labios.
 
 
            ***

Miguel Cobo Rosa

7 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Hoy he leído que la poesía es un deporte extremo. Una cosa de malabaristas, añado yo. El alma es la que se expone al derrumbe, a caer y hacerse mierda, con perdón. Sales airoso, amigo. Elevas campo, miras las nubes, te desplazas y nos ves abajo a todos.

Juan Herrezuelo dijo...

El poeta como clochard o homeless o sin techo, deshabitado de sí mismo, acarreando residuos de recuerdos, prófugo de lágrimas pero acumulador de carmines y cristales rotos. En la alta noche, las voces de otros náufragos junto a la almohada, hablando por hablar, acompañan en soledad a quien se niega a escribir sus mejores versos.
Afortunadamente estás tú para escribir los tuyos.

Marisa dijo...

Todo poeta tiene el síndrome de Diógenes, pero no todos saben recoger y atesorar esas cosas sin valor para los demás que son diamantes en bruto para el corazón propio.
Amalgamar colillas con huellas de carmín, residuos de naufragios y cáscaras de recuerdos en la noche, ha producido una única y brillante aleación que he disfrutado y de la que te felicito.
Tus versos diogenianos reciclan el corazón.

Un beso, Miguel.

Ramón Besonías dijo...

Marisa atinó. El poeta es ese loco Diógenes, enfrascado en la hazaña épica e imposible de atrapar en palabras menores, emociones con mayúsculas. Al final queda lo que Juan de la Cruz, el poeta-hombre, no el santo, sintió en propias carnes: el silencio que habla, sin apenas oirlo...

Alberto Granados dijo...

Miguel, este poema es repescado o de tu libro: yo lo conocía ya... o es que soy Diógenes guardando las intuiciones de tus magníficos versos.

Abrazo costero,

AG

Irene Bebop dijo...

Síndrome de Diógenes, acumular demasiados sentimientos inútiles. Habrá que hacer limpieza general prontito.

Estoy totalmente perdida del mundo de los blogs, lo siento :P Las prácticas en el periódico se comen todo mi tiempo!

Raúl dijo...

Qué preciosidad.
Qué preciosismo.