jueves, 26 de mayo de 2011

Hidrorragia


Una tarde de junio desde el puente
veo
el río
su despedida
su mensaje
la canción que perdió
en el arco del meandro
el tiempo
se desnuda de agua
imaginad
su alma seca
Córdoba desamparada como una grúa
junto a la Mezquita
se estremece
la luz en nuestra piel
hace calor
de cuerpo a cuerpo
adiós recuerdos de otros puentes
noches que esperan otros ríos
y el dolor de la luna
                                    sin su espejo.

                   ***

Miguel Cobo Rosa

10 comentarios:

Alfonso C. Cobo Espejo dijo...

Suerte que en tus noches y en tus días hay Espejo, aunque la luna de Córdoba esté triste o haya grúas nublando catedrales y mezquitas. Un abrazo, papá.

Anónimo dijo...

Sí, un Espejo mágico. El río es el cauce de mensajes y canciones que uno trata de transcribir con palabras de orilla, flexibles pero duras como juncos.

Un abrazo, hijo.

Ramón Besonías dijo...

Pues me entran ganas de volver a Córdoba. Un día de estos y nos echamos unas copas. Seguro.

Juan Herrezuelo dijo...

Cuántas veces deseé estar en ese preciso lugar desde el que contemplar la imagen que nos muestras y versificas. El viaje se aplazaba por unas razones o por otras, se resbalaba hacia un mito de imposibilidad. Fue al fin en febrero del año pasado, con el río crecido como no lo recordaban ni los cordobeses más viejos, y aunque tarde ya, no supe esperar, mi noche no supo esperar, fui solo y el tiempo transcurría vestido de un agua anchurosa y turbia, que rompía contra los pilares y anegaba los márgenes urbanizados, y aquella humedad fragorosa calaba hasta el alma. Tu poema me ha traido todo eso de nuevo. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Ramón, eso está hecho. Y Emilio también acudiría a la cita, seguro. Una barra libre, esta vez real, para buscar la inspiración a orillas del Guadalquivir.

***


Juan, a veces la proximidad de lo cotidiano nos aleja, paradójicamente, de las ciudades que habitamos. Las consumimos, las gastamos con nuestros pasos cotidianos, laborales, casi funcionariales. Sin embargo Córdoba es una excepción. Su aura mágica siempre cala, cerca o lejos del río. Si vuelves, cuenta con un amigo para redescubrirla. El poema será el paseo.

Abrazos

Anónimo dijo...

Ramón, Juan, el Anónimo que os responde soy yo, Miguel.Los problemas de Blogger me impiden hacerlo con mi perfil y, hasta el momento, no he podido o sabido resolverlos.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Voy con mi amigo Miguel y mi amigo Ramón. Pongan día. Comemos juntos. Barra casi completa.

Anónimo dijo...

Vaya,ya no sé si quedarme con la tristeza del poema o con la euforia de un encuentro de amigos,:-).Saludos,Miguel;brindo por el encuentro.Seguro que tras él,nos deleitas con algo.Besos,Marifé

Alberto Granados dijo...

Un preciosa estampa de tu alma cordobesa, siempre mirándose en el río y encontrando todo lo que llevas dentro.
Depurada y sutil. Progresas muy adecuadamente.
Abrazo,

AG

Marisa dijo...

¡Ay de esa "Córdoba, lejana y sola..."!
Tu ciudad es preciosa, Miguel, lo de las grúas, molestias circunstanciales a veces necesarias y casi siempre demasiado largas.
La fotografía no sé si será tuya pero es bellísima (mucho más si le hacemos el photoshop a la grúa...). Con texto e imagen dan ganas de volver a darse un paseíllo por allí, preferiblemente cuando la luna se esté mirando en su espejo con su polisón de nardos.

Un beso, Miguel.