domingo, 13 de diciembre de 2009

DESAGRAVIO



Las plegarias
de este gélido invierno
no interceden por mí,
indigno de estos versos,
y minuciosamente los deshago, dios
de la poesía sagrada, padre omnipotente.

Ya han celebrado la nueva liturgia
en sus aras de piedra.
El sacrificio ofrece el sumo sacerdote.
Al levantar la copa consagra
la verdad,
la única verdad de la belleza,
si bien su faz histriónica
esboza un gesto de soberbia.
Bebe su turbio vino, se traga
las palabras. Un hombre
se arrodilla e inclina la cabeza.
Nadie sabe si gime o se arrepiente
mientras el cirio arde y se consume.

Tras la puerta del templo
la muchedumbre bulle
ajena al paradigma
del nuevo dogma revelado:
Ambulancias, sirenas, signos conceptuales,
iconos metamórficos de luces impacientes;
senos, pasos, semáforos,
navajas, sueños, músicas…
Polifonía del caos para ordenar la nada.

1 comentario:

Alberto Granados dijo...

Extraña y bella liturgia. Tal vez me convierta a esta religión, después de haber abandonado tantos dioses y tantos ritos.
Rigoletto