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martes, 6 de diciembre de 2016

Blues del tren






Cuando subas al tren para el destierro

anhela que el destino sea irreal.



Quizá te espere Luna en la estación del Norte

y ella oculte su cara para hacerte sufrir.



Saluda a los viajeros que se crucen contigo

(puede que uno de ellos sea tu gran amor).



Deseo que la noche se parezca al viaje:

fría bajo las estrellas y cálida en el bar.



Deja el coñac que fluya de la copa al cigarro,

puede que el alma cambie de estado mineral.



Era un gas venenoso de mordedura incierta

y líquido elemento que te hiciera llorar.



Si es sólido al bajarte procura que sea negro

el carbón combustible de este lánguido blues.



Pero piensa: el más puro carbono que conoces

puede ser el diamante que fue su corazón.

 ***

  
Miguel Cobo

Arreglos y música: Luis Lara.

Fotografía: Atardecer en la estación de Sablé sur Sharte.
Alfonso Carlos Cobo.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

DEMORA

 




Escucho el rumor de las horas al paso de un tren inesperado. Despliego las alas del tiempo y aguardo en el andén -la mirada perdida-  absorto en mis recuerdos. Cuento tramos de vía como líneas de vida: paralelas que juegan a buscar su geometría del azar y por mucho que se prolonguen  nunca se encuentran. Nada acaba en la bocana del presente y solo la memoria de un viaje sin rumbo proclama su vigencia y emerge entre fragmentos del pasado. Turbias fotografías de viajeros, suburbios espectrales de posguerras y hambre. El frío de las noches de inviernos y paraguas tristes que protegen de lágrimas. Cristales empañados y dedos que dibujan corazones o besos estampados de otros labios que han perdido palabras en la espera nocturna. La estación, ya vacía, teje brumas de ausencia entre luces ambiguas de nostalgia o de duda. Busco mi billete en los bolsillos de la melancolía,  mientras el tren se acerca con un silbido de impaciencia. ¿Qué hacer con este adiós sin despedida?





Miguel Cobo Rosa

                                                               ***

viernes, 9 de noviembre de 2012

PIEZAS DE EQUILIBRIO


                                                 Fotografía: Lourdes López Rodríquez


 

Franjas de luz fugaces, amarillas,
alumbran el andén. Me desvela
la turbia claridad que anuncia
una nueva estación. El vaho
empaña los cristales, la mirada.
Es gélida la noche. El corazón
ocupa en el vagón un espacio vacío.
Se va de mí. No espera
ya el final de este viaje sin destino.
Después de tanto tiempo
este tren es testigo del latido constante
de la melancolía.
Qué incierta la noticia del olvido
como tu adiós inerte: esa lágrima
última. La mano que no aprieta y desanuda
los dedos del amor, el equipaje huérfano,
recuerdos, fragmentos hechos trizas.
El tren se despereza entre olivos de sombra y agualuna.
La melodía del tiempo
es una densa bruma de trompeta:
El blues del desamparo recorre los vagones
con su negra tristeza. Túnel sin luz final.
¿Teje ahora Penélope o desteje?
¿Espera o desespera?
¿Dónde hilaba su música el olvido?
Miro el reloj ahora. Inerme me convoca
en su mórbida esfera inescrutable.
Y esta hora sin huso
sin latitud ni longitud posible
en el cambio de agujas que presiento
cae por su propio peso del infinito al cero,
se desploma del aire del reloj
y urde en la noche su proceloso sueño
cruzándose con trenes que regresan
desorientando brújulas, hiriendo catenarias.
Avanza el tren.
La soledad se espesa como nimbos veloces
atravesando el cielo. Hay una luna esquiva,
ajena al maquinista.
Con piezas de equilibrio
-leve en su gravedad-
ya mi alma viajera se deshace
y avanza, con el tren, imperturbable.
 
 


                      Miguel Cobo Rosa
 

lunes, 31 de octubre de 2011

Tren Silvania



En un intento vano de ahuyentar tus fantasmas

te subiste en el tren de los vampiros.

Recorriste sin miedo los pasillos de sus vagones gélidos

y miraste detrás de las cortinas. Eran viajeros clónicos

iguales a sí mismos cual cromos repetidos

de antigua colección. ¿O eran fotografías

de tu propio pasado? No percibes el rostro

reflejado en tu espejo. Tienes la mano fría.

Tu corazón no late. El tren no se detiene.
 

 
 
Miguel Cobo
 
 
 
                                                                            ***

domingo, 14 de agosto de 2011

Blues del tren





Cuando subas al tren para el destierro

anhela que el destino sea irreal.



Quizá te espere Luna en la estación del Norte

y ella oculte su cara para hacerte sufrir.



Saluda a los viajeros que se crucen contigo

(puede que uno de ellos sea tu gran amor).



Deseo que la noche se parezca al viaje:

fría bajo las estrellas y cálida en el bar.



Deja el coñac que fluya de la copa al cigarro,

puede que el alma cambie de estado mineral.



Era un gas venenoso de mordedura incierta

y líquido elemento que te hiciera llorar.



Si es sólido al bajarte procura que sea negro

el carbón combustible de este lánguido blues.



Pero piensa: el más puro carbono que conoces

puede ser el diamante que fue su corazón.



 
Miguel Cobo
 

lunes, 11 de julio de 2011

Estación Vivaldi



Todavía conservo el billete del tren

en que viajamos juntos de regreso al origen del destino

sus vagones de noche y amor

las risas de los jóvenes

alegres

y embriagados

tus poemas de Eliot en la niebla

niquelando en la luna

la luz del meridiano

sin anillos aún

sin libro de familia

en tu seno de venus primitiva

sin equipaje cómplice de sedas interiores

de adolescencia y celo

descubriendo las canciones de Bob Dylan

en la armónica de aquel joven que llegaba del Norte

con sueños de fronteras y naranjas

en sus ojos de fuego y libertad

aún percibo el temblor del roce de tus pétalos

el perfume

del aire de tu pelo

que inundaba el vagón

tus crines sin la brida

del recato y la enmienda

el genio y la figura

a juego con el zumo de tu fruta madura

tu suéter de limones incipientes

desvelando el secreto de su néctar

todavía

princesa

conservo aquel billete

de aquel expreso insomne

que nos llevó a las cuatro estaciones de Vivaldi

 
 
Miguel Cobo Rosa
 
 
              ***

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cambio de hora



Cuando cambia la hora entre estaciones
se detienen los trenes que se cruzan
ajenos al reloj manipulado.
Es un cambio de agujas convergente
de esferas y raíles, de horas a deshoras,
de andenes despoblados de equipajes,
cuando el sueño viaja hacia su abismo
sin conciencia de haber perdido el tiempo.
¿Se para el corazón en el trayecto?


                      ***

Miguel Cobo Rosa

miércoles, 14 de abril de 2010

Despedida



El adiós se produjo:
Era un día del verano.
Detengamos la mano
y huyamos otra vez
de la emoción urgente.
El andén se abre paso
entre maletas huecas
de equipajes que vuelven.
No hay viajeros.
Es la estación vacía
la que nos marca el ánima
con este tatuaje
de corazón partío
y banco de Penélope.
Siento el hierro candente
de este doble raíl
que recorre tu vía*


***

Miguel Cobo Rosa


(*)Tu vía es “tu vida” (según Camarón)
Foto: "El viajero" de José Santos Mingot. Finalista "Caminos de Hierro 2010"

miércoles, 10 de marzo de 2010

TRISTE EQUIPAJE


Distingo alguien extraño que se dirige al tren.
Veo destellos de rabia en su turbia mirada
de otros ojos distintos, de lunas desprendidas
que alumbran los andenes de la misma estación.

Hay un triste equipaje olvidado en consigna.

Nota cómo se acercan los fantasmas del odio.
Suben al tren. Se sientan. Ahora los contempla.
Esgrime una palabra que disuelve el silencio
y abre el alma en un grito que estalla en la estación.

Las sirenas acuden. Aúllan su impotencia
y cruzan impacientes las calles de Madrid.

***

Miguel Cobo Rosa


Imagen: Úrculo

sábado, 21 de noviembre de 2009

Tren Silvania


En un intento vano de ahuyentar tus fantasmas
te subiste en el tren de los vampiros.
Recorriste sin miedo los pasillos de sus vagones gélidos
y miraste detrás de las cortinas. Eran viajeros clónicos
iguales a sí mismos cual cromos repetidos
de antigua colección. ¿O eran fotografías
de tu propio pasado? No percibes el rostro
reflejado en tu espejo. Tienes la mano fría.
Tu corazón no late. El tren no se detiene

martes, 20 de octubre de 2009

Vía crucis


Al final del andén hay cuatro vías.
Camino por el borde hacia los trenes
varados que me esperan. No sé cuándo
saldrán y cruzo a ciegas. Voy
mirando vagones, impaciente. El vértigo
acelera mis latidos. Atisbo mi destino.

El tren que me transporta a mi pasado.
El tren que un día perdí y está en vía muerta.
El tren que cruza el túnel del deseo.
El tren que parte y nunca ha de volver.

Siento un escalofrío en plena médula.
La duda paraliza mi albedrío.
Los pies turban mis pasos. Hay una niebla
súbita que anega el corazón y la estación.
No hay viajeros. La soledad me agobia
mientras un ciego impulso me hace subir al tren
de la vía cuatro. Por la megafonía
anuncian la salida. Sube lenta mi alma
ligera de equipaje y sin billete.

***

Miguel Cobo Rosa

lunes, 21 de septiembre de 2009

Viaje


Se van quedando atrás las luces del andén. Veloces arrabales de chabolas, sórdidos basureros que revelan al tren su atroz miseria. Atrás trenes varados de Explosivos Riotinto con nostalgia de puertos de interior. Vagones industriales, maniobras de obreros taciturnos de RENFE en cisternas de REPSOL y máquinas ancladas en vía muerta, esperando un enganche de PROFIL. Convulsivos vaivenes, silbidos insurgentes, consagran el lunes laboral a un ritmo ritual y recurrente –ora rebelde, otrora resignado- de perpetua cadena o condena mortal. Vagabundos nocturnos de entrevías, sin lágrimas ni historias que contar. Polizones del tiempo, furtivos al estribo de un viaje que acaba sin llegar a otra estación.
Hay estrellas de acero en los cuarteles. Hangares donde duermen sombrías fieras de fuego y de metal. Pesadillas de monstruos prestos a despertarse. El tren no silba ahora y cruza sigiloso las sombras militares. Penurias de cuartel, de frías madrugadas, tercera imaginaria hasta el próximo tren.
Por los pasillos del vagón hay un trasiego de jóvenes alegres con guitarras y sueños de raíl. Abren las ventanillas y entran luces fugaces que deslumbran y proyectan las dudas del desvelo, su inane desconcierto. Me tortura el fanal de esta estación fantasma. Me acerco al café-bar sonámbulo y funámbulo, ese vagón de extraños que rumian sus recuerdos. Leen posos del café de libido y delirio que anuncian más viajes en los viejos expresos de  medianoche.


lunes, 14 de septiembre de 2009

Resplandores de ausencia


Está el andén vacío, la estación sola.
Pasó el último tren. Los viajeros
subieron al vagón. Queda el silencio.
Un silencio sonoro de música que huye.
La nada se extendía con una luz distinta.
Ni ángeles ni sombras ni humanos
ni recuerdos: ni Dios quiso quedarse.
Desde la catenaria descendían raros pájaros.
Eran aves eléctricas de luz artificial,
relámpagos de miedo, resplandores
de ausencia. Alguien olvidó un libro
y un paraguas de sueños. Mientras amanecía
se diluyó una estrella. Se abrió
una puerta estrecha. Se fue la soledad.
Encendieron dos velas. Buscaron una agenda.
Había un mensaje tuyo en el buzón de voz.
Era un húmedo jueves del final del invierno.



Fotografía de Alfonso C. Cobo: Estación de Sablé

lunes, 31 de agosto de 2009

O quítame a Jacques Brel



Llevaba tu maleta a la estación
(era mi cruz)
tu mirada era fría
(era mi luz)
tus lágrimas de hielo
me dejaste tus discos
(eso es pura crueldad)

Cómo pasar la noche escuchando a Jacques Brel
si tú ya te habrás ido y yo no sé qué haré.
Iré todas las noches a esperar cualquier tren
y cuando alguien se despida del amor que se aleja
y se escuche de fondo un ne me quitte pas
espero que regreses con una nueva música


o quítame a Jacques Brel


                                   ***

Miguel Cobo Rosa

miércoles, 26 de agosto de 2009

Andén 2


Raudas las casas. Los viajeros transcurren
con sus fugaces rostros de lánguida impaciencia.
Pasa una nube, anuncia
la humedad de un deseo.
Te veo allí, recorres el andén
en el que vibra el aire como un beso
desprendido de un labio.
Hay un joven que espera. Se ha parado
el reloj en una vía muerta.
Pasa otro tren. Veloces ventanillas
visualizan tus gestos impasibles. Sus cristales
reflejan otros rostros con destinos inciertos.
El expreso chirría con rabia indiferente
su habitual desidia. Tú subiste a aquel tren
y de pronto el vacío maldijo los raíles.
Es el último adiós y ya no estás conmigo.
Canta Cesárea Évora y su morna nostálgica
licua tu recuerdo.

jueves, 20 de agosto de 2009

De una antigua estación


De una antigua estación proviene este otro tren desvencijado que deja en los raíles ocres manchas de herrumbre. Es el tren de los sueños perdidos, de las claudicaciones y las dudas, de aquellas cicatrices que antes fueron heridas (no de acero templado: de brumas, de falta de estaciones y destinos que fueron aplazados). Es el andén sin alma por exceso de sueños. Tren, en ti viaja la sombra más quemada de la conciencia prófuga, niebla del desamparo y vagones vacíos de esperanza y aliento. Viajeros derrotados que contemplan la fuga de los años prendidos al tendido del hilo telegráfico, las miradas perdidas de los cromos dorados del crepúsculo eterno que precede a la luna y su escolta de nubes migratorias. Qué duro es el silencio con que cruza la máquina los intensos magentas del invierno. Buscamos que la luz desvele las fronteras del país que acogió nuestras renuncias. ¿Qué mejor tren puede coger el hombre que un expreso de largo recorrido de laderas y costas, de acantilados súbitos próximos al abismo? Preferible es el mar que la tierra baldía. Mejor las estaciones sin parada, los infinitos túneles de miradas de ciego y ojos de modiglianis, buscar el equipaje ligero que el poeta dejara abandonado en las manos de Úrculo.