Fotografía de José Manuel Vilaboa
Pasaba mirando el río,
mirando el río pasabas
y entre las aguas nos vimos.
Benditas las agua claras
donde el amor se nos vino.
***
Mercedes Elorza
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domingo, 22 de enero de 2017
martes, 6 de diciembre de 2016
CÉFIRO
Nos adorna el paisaje.
Por ejemplo,
ella deja que el sauce le roce con sus ramas
y yo que el céfiro caliente deposite jazmín
en mi barbilla.
Por ejemplo,
ella deja que el sauce le roce con sus ramas
y yo que el céfiro caliente deposite jazmín
en mi barbilla.
Estiramos los cuerpos junto al río
como si fuesen rocas decorando la tarde.
como si fuesen rocas decorando la tarde.
Ella contempla el agua ondulando la luz,
la luz contempla el agua ondulándola a ella.
la luz contempla el agua ondulándola a ella.
Se aleja la ciudad desde nuestras riberas,
pero vienen abejas con su baile celeste
y caballos y vacas jugando como perros.
–Las bestias– me susurra –son caricias del agua.
pero vienen abejas con su baile celeste
y caballos y vacas jugando como perros.
–Las bestias– me susurra –son caricias del agua.
El céfiro caliente se cuela entre nosotros
llevándose las ramas de sauce de su pelo
y el jazmín que perfila de blanco mi barbilla.
Observamos la luz ensortijar el río
y el río nos observa envueltos en el céfiro.
Ya no somos dos ciegos que tiemblan ante el alba,
ahora somos videntes desvelando las sombras.
llevándose las ramas de sauce de su pelo
y el jazmín que perfila de blanco mi barbilla.
Observamos la luz ensortijar el río
y el río nos observa envueltos en el céfiro.
Ya no somos dos ciegos que tiemblan ante el alba,
ahora somos videntes desvelando las sombras.
martes, 3 de marzo de 2015
LOS RÍOS
Foto: Aitor Agirregabiria. Flirck.com
HAY ríos, como colas de fantasmas,
que cruzan las ciudades
sin que nadie los vea.
Son sumisos suicidas con fe de enamorados
que esperan alcanzar un cielo prometido,
una suerte de abismo o de abrazo
que diluya sus nombres para siempre.
En los días dorados del invierno,
hay viejos que se asoman a la vida,
y la vida es un río, fugitivo y ajeno.
Se sientan en los bancos, con sus ojos de
buey,
tertulian en los puentes soleados,
sin que nadie los vea,
y cuando cae la tarde, como miel,
y el silencio se apoya en las barandas,
descansan su mirada sobre el río,
eligen una ola o un remanso
y mueren despacito, codo a codo.
Por eso nunca están en las postales
que compran los turistas, ni salen en las
fotos,
ni hay nadie que los vea.
***
Miguel Ángel Barrera Maturana
domingo, 19 de octubre de 2014
Presentación del libro “Desde el puerto de la Utopía” de Antonio Fernández Ferrer en el Ateneo de Córdoba.
Han transcurrido casi ocho meses desde que el 8 de febrero
pasado nos visitara, en esta sede del Ateneo cordobés, nuestro amigo el
escritor, poeta, profesor y cantautor granadino Antonio Fernández Ferrer, para
presentarnos entonces, de la mano de nuestro Presidente Antonio Varo, su excelente poemario “Memoria del Tiempo”. Y
es esa memoria, con el eco de sus versos y su voz aún resonando en estas
paredes, la que nos permite hoy recordar
aquellas horas gratas e intensas en
torno a su obra y a la persona cercana y entrañable que es Antonio.
Fecha que, además, dató el hermanamiento en la pasión por la cultura en todas
sus facetas de los Ateneos de Córdoba y de Motril, en el más puro espíritu
ateneísta. Pues bien, “ha llegado el momento de reencontrarnos” como decía el
último verso de su poema “Reencuentros”. Un verso premonitorio que es hoy una feliz realidad y sale al encuentro de
una sempiterna utopía: la que supone siempre un nuevo libro. Porque si de
utopías hablamos, qué mejor manera de hacerlo sino embarcándonos en esta nueva
nave-libro, cuyo timonel-escritor nos
acerca “Desde el puerto de la utopía” hasta nuestra orilla, como quien
va de su corazón a sus asuntos. Tal vez
pensara su autor, al decidirse por este sugerente título, en Utopo, uno
de sus primeros gobernantes que dio
nombre a aquella isla imaginaria; o en el propio Tomás Moro, el creador utopista
por antonomasia. Antonio Fernández Ferrer abordó así este periplo literario,
cuya singladura se inicia en otra isla
virtual, cartografiada en el proceloso
océano de la blogosfera: Su blog “Entre los sauces”. Un blog magnífico, aún
joven –nació en mayo de 2013-, pero sembrado de artículos y posts, con una
variadísima temática, que acumulaba al cabo de un año de su creación 175
entradas y que, a día de hoy, si no nos lo desmiente su autor, andará rondando las doscientas. Toda una aventura
creativa que en un determinado momento Antonio pensó en plasmar en páginas tangibles de papel y convertirlas felizmente en el libro que nos
ocupa, primorosamente editado por la
excelente Editorial Nazarí. Se trata de
una selección antológica de 50 de dichas entradas, elegidas a conciencia y muy cuidadosamente
por su creador.
Tenemos en las manos, como podréis
comprobar, un libro muy original y diferente; de contenido variadísimo y muy
estimulante para el lector. Una miscelánea intergéneros a través de cuyas
páginas se nos ofrecen los contenidos más heterogéneos, ordenados
cronológicamente según la fecha de aparición en el blog, desde el 17 de mayo de
2013 al 21 de julio de 2014. Podemos optar , si nos apetece, por leerlo
aleatoriamente, abriéndolo por cualquier artículo, sin que ello altere su
unidad ni su sentido; antes al contrario, abre sus múltiples ventanas a nuestra
curiosidad lectora, permitiéndonos una puntual elección o cualquier
oportuna relectura, con esa inmediatez
que nos ofrecen los libros transversales y amenos, siempre accesibles en todo momento y lugar. Parafraseando aquel
título de Jardiel Poncela, “para leer mientras sube el ascensor”, si se nos
permite una imagen tan gráfica; aunque,
claro, algo exagerada, como es de esperar cuando el humor anda por medio.
En cuanto a su temática, nada humano
le es ajeno a nuestro autor que, con su ágil pluma y su personalísimo estilo,
nada ampuloso, claro y directo y, cuando el tema lo requiere, muy periodístico
y didáctico, se mueve con soltura entre géneros, desde el artículo de rabiosa
actualidad, hasta el poema más intimista, pasando por la crónica de
acontecimientos del pasado relacionados con las ricas experiencias y vivencias
del autor en todos los aspectos de su polifacética trayectoria, incluidos,
obviamente, los autobiográficos; siempre, eso sí, con rigor y sin concesiones a
una nostalgia mórbida e improductiva que nos conduciría indefectiblemente a la
melancolía. Escribe Fernando González Lucini de Antonio al respecto:
“A Antonio (…) la vida, y todo cuando acontece a su alrededor
–si es bello, y especialmente si es injusto y doloroso– no le deja indiferente,
le remueve toda sus sensibilidad y sus sentimientos, y le provoca el
levantamiento de una aireada expresión descriptiva, rebelde y crítica –sea cantada,
escrita o vociferada– siempre con vocación liberadora”.
Porque Antonio más que utópico, se nos muestra
utopiano; es decir, no es él un soñador de mundos imposibles, sino un habitante
lúcido de un mundo que no es el mejor, pero sabedor de que con el compromiso, con la solidaridad,
con la ilusión, con el esfuerzo colectivo, con la creatividad, con la
inteligencia, con el inconformismo, con la rebeldía, con la amistad, ¡con las
canciones!, se puede mejorar. Su crítica es acerada y mordaz contra los
políticos, gobernantes y otros personajillos incompetentes, cavernícolas o
corruptos; valiente en la denuncia, poniendo el dedo en la llaga de los
problemas que a todos nos preocupan y afectan, tanto en el ámbito nacional como
en la esfera internacional, desde una perspectiva humanista y progresista y de un espíritu libre, rebelándose contra las injusticias y los
abusos, sin desdeñar recursos tan eficaces para combatirlos como la ironía y un
finísimo sentido del humor.
Sus conocimientos musicales quedan también reflejados en el libro, con una extensa y bien documentada banda sonora (que, en muchas ocasiones, coincidirá con la del lector), que abarca desde sus comienzos como cantautor y su decisiva participación, como uno de sus creadores, en el proyecto “Poesía 70 : Manifiesto canción del sur”, hasta el más reciente –ambicioso y espléndido- del antes citado Fernando González Lucini (al que Antonio llama el Empecinado), “Centro de Documentación y Difusión de la Canción de Autor”. Sin olvidar las semblanzas de los grandes músicos anglosajones de las décadas de los 60 y los 70, demostrándonos su gran erudición y conocimiento del tema. Ringo Starr, Jim Croce, Bob Dylan, Pete Seeger, Lou Reed…resuenan en nuestros oídos entre las páginas de esta evocadora utopía. Destacaré la excelente traducción que Antonio nos ofrece de “El tiempo en una botella” obra maestra del malogrado Jim Croce, una de las más bellas canciones que haya escuchado jamás y que he descubierto tardíamente, gracias a este libro.
Sus conocimientos musicales quedan también reflejados en el libro, con una extensa y bien documentada banda sonora (que, en muchas ocasiones, coincidirá con la del lector), que abarca desde sus comienzos como cantautor y su decisiva participación, como uno de sus creadores, en el proyecto “Poesía 70 : Manifiesto canción del sur”, hasta el más reciente –ambicioso y espléndido- del antes citado Fernando González Lucini (al que Antonio llama el Empecinado), “Centro de Documentación y Difusión de la Canción de Autor”. Sin olvidar las semblanzas de los grandes músicos anglosajones de las décadas de los 60 y los 70, demostrándonos su gran erudición y conocimiento del tema. Ringo Starr, Jim Croce, Bob Dylan, Pete Seeger, Lou Reed…resuenan en nuestros oídos entre las páginas de esta evocadora utopía. Destacaré la excelente traducción que Antonio nos ofrece de “El tiempo en una botella” obra maestra del malogrado Jim Croce, una de las más bellas canciones que haya escuchado jamás y que he descubierto tardíamente, gracias a este libro.
Resaltaría así mismo el profundo
sentido de la amistad que late en estas páginas, reflejado en varios
emocionantísimos artículos, ya de celebración y remembranza, ya de tono inevitablemente
elegíaco. Un hermoso tributo, reitero, a la amistad, de honda dimensión humana.
Para terminar, vamos a encontrar en
estas páginas, como remansos de paz y reflexión, bellísimos poemas y
micropoemas que nos permitirán escapar, aun cuando sea fugazmente, de esta
vorágine de acontecimientos que sacuden nuestro país y el mundo en que vivimos
y que nos sumen en el desconcierto y en la perplejidad, pues como dice Antonio:
Por fin he roto con mi pasado
y
al presente que me contempla
no acabo de verle el futuro.
Seguro que partiendo “Desde el puerto
de la utopía” atisbaremos un rayo de esperanza en nuestro regreso a Ítaca.
Podemos.
Miguel Cobo Rosa
Córdoba, 17 de octubre de
2014
***
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viernes, 27 de enero de 2012
Bosque de ribera

Río Uncín, Cudillero - Asturias
Con el bosque de ribera ha de tenerse la máxima precaución: en él es más fácil salirse que adentrarse. Por eso una opción es bordearlo y aprovechando su vocación de galería admirar cada obra, cada estilo y detectar por ejemplo la firme impronta del aliso, o esa cierta afectación que sufre el sauce, el gesto del álamo, un tanto tembloroso, la estampa del olmo, como ausente, y el numeroso ímpetu del fresno. Dentro del catálogo de montes, este bosque es un catálogo en sí mismo. Pero si llevados por el arrebato estético nos acercamos más allá de lo prudente podemos terminar asomando la nariz al otro lado y atravesar esa cuarta pared que oculta el taller que nunca duerme: allí el río discurre, imagina las múltiples formas de los árboles, y se escucha el rumor de los trazos sobre el agua. Admirado por la gracia del proceso uno puede incluso llegar a olvidarse de los árboles, lo cual sería tremendamente injusto pues en realidad es el bosque el que da sentido al río y al camino, que no son más que riberas suyas, pues todo es centro y orilla al mismo tiempo, pura contigüidad como el tiempo mismo.
José Manuel Lozano ( XuanRata)
De su blog Calendario de instantes
***
Con mi gratitud y admiración hacia José Manuel, excelente fotógrafo y mago de la prosa poética que despliega en sus personalísimos pies de foto. Visitar su blog es un verdadero placer "riográfico"
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